Óbito a la media naranja

Muchas son las definiciones existentes del concepto amor, y muchos son los mitos que le preceden. Uno de los más conocidos, sin duda, es el mito de la media naranja. Este, parte de la creencia, que existe una persona que complementa y se adapta totalmente a la otra, culminando en la relación perfecta.

¿Existe este gran mito?

 

Este mito ha tenido gran repercusión, sobretodo, por la relación de dependencia que crea dicha idealización y la frustración y ansiedad que desencadena la expectativa ficticia. Así pues, creer que existe nuestra media naranja es un error dados los siguientes argumentos:

  1. Esperar a que alguien encaje a la perfección con nosotros, para disfrutar de la relación perfecta es una falacia. No existe la perfección y mucho menos, cuando hablamos de personas.
  2. Idealizar a una persona, eleva la consideración y admiración por ella pero a la vez, puede provocar una gran ansiedad dadas las decepciones que aparecen, por haber creado expectativas ficticias o sobrevaloradas.
  3. Las personas no estamos a medias, somos tal cual enteras, únicas e irrepetibles en busca de otras naranjas, limones, melones.
  4. En relación al punto anterior, la sociedad nos insta a buscar pareja, a compartir nuestra vida con otras personas para sentirnos completas pero, como hemos dicho anteriormente, ya somos personas completas. En todo caso, no debemos buscar a nadie forzosamente, debemos aprender a estar bien con nosotras mismas y a disfrutar de nuestra propia esencia y compañía. Por raro que parezca, esta estructura predefinida de pareja, no deja de ser una moda o estructura social.

5. En el caso que iniciamos una relación, de pareja o no, el éxito más que en las cualidades de las personas, está en cómo nos comportamos entre nosotros, en la capacidad de adaptación sin dejar de ser nosotros mismos. El objetivo de iniciar una relación debería fundamentarse en la suma de valores, experiencias y acciones que nos aporta la otra persona. No nos completa, porque no está llenando ningún vacío, nos complementa porque añade valor positivo.

“Más que besarla, más que acostarnos juntos; más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano, y eso era amor."

– Mario Benedetti

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