COGITO ERGO SUM: pienso, luego existo. ¿esa es la cuestión?

 Mundialmente en los tiempos que corren, la difusión, la información pero sobretodo la desinformación
han creado entre muchos expertos en Psicología Social nuevas hipótesis que parten de la base de ¿dónde
quedó el famoso Cogito Ergo Sum de René Descartes?

El miedo y el desconocimiento se han apoderado de la capacidad de razonar de grandes colectivos
humanos, creando en sus personas inseguridad emocional, bloqueo racional y en consecuencia
comportamientos extremistas y en ocasiones limítrofes.

Seguramente, muchas personas se han planteado cuestionar la ola informativa en la que estamos
inmersos, las fuentes, el contenido de los medios de comunicación y ¿por qué no?, también si esta nuestra
realidad sea cual sea el paradero, estatus y/o edad es fruto de un realismo mundano que parte de una
investigación y/o experimentación sobre el terreno.

El concepto manipulación forma parte del conjunto de términos escabrosos, este que en los años 60 no se
gozaría ni nombrar, este que todavía genera inquietud en conversaciones pero que en un momento u otro
ha formado parte de nuestros pensamientos. Es en ese punto, cuando aparece por unos instantes la
conexión del subconsciente y el consciente, la intuición y la razón. Se crea el hipocentro que permite
evolucionar la mente humana y generar reacción.

Muchos expertos asienten que seguir al grupo es la opción fácil, elección enquistada en nuestra sociedad
por múltiples factores (consumismo, globalización,…) pero a la vez con un presente despertar que crea
inquietud ya en generaciones como la millennial.

Asumiendo que los cambios son lentos, resurge el planteamiento sobre ¿qué pasaría si aceptáramos que
nuestro Cogito Ergo Sum, fuera independiente pero capaz de vivir en sociedad? Sin ir más allá y sin
entrar en polémicas, simplemente se desarrollaría la razón original creando en la persona un estado de
equilibrio emocional y racional.

El humano sería capaz de aceptar y respetar el criterio de los demás sin tener la necesidad de creer en una
verdad, ni de buscar la causa-efecto; entendiendo que la situación de cada persona es incomparable y
aceptando que la correlación y causalidades de dos variantes nunca serán iguales en personas distintas.

Así pues, recuperando el refranero español cuando escuchamos de cualquier fuente, sea medio de
comunicación o de nuestra abuela << Dios los cría y ellos se juntan >> o el típico tópico << Claro, los
contrarios se atraen >> porque no ir más allá y pensar si tiene sentido meterse en un saco u otro y
aceptar una etiqueta u otra.

¿Qué supondría sentir que en este caso, << Ni chicha ni limoná >> y no asumir dichos proverbios cómo
nuestros? Supondría romper con el conformismo y comenzar a engrasar los engranajes que fomentan el
libre pensamiento y la ruptura de etiquetas sociales.

Cuando René Descartes formuló Cogito Ergo Sum definió la mente como un privilegio maravilloso para
la verdad, no obstante no la delimitó; existir de una forma u otra es la cuestión que definirá la verdad de
cada una de las personas de este mundo. Merece la pena tenerlo presente, ahora más que nunca.

“ Divide las dificultades que examines en tantas partes como sea posible, para su mejor solución. ”

– René Descartes

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